Instalación · José Ignacio, Uruguay · 2025
El mangrullo se presenta como una estructura efímera y liviana implantada entre los médanos de José Ignacio. Su mínima huella sobre el terreno y su condición de objeto desmontable no son concesiones técnicas, sino una declaración sobre cómo puede habitarse un paisaje sin transformarlo.
Construida íntegramente en madera de pino tratado, la estructura se eleva sobre pilotes que liberan el suelo de todo contacto permanente, permitiendo el flujo del agua y la vegetación por debajo. La envolvente es una piel de paneles textiles verticales —telas blancas translúcidas tensadas sobre bastidores— que filtra la luz, tamiza el viento y define un interior sin aislar del entorno.
El sistema constructivo es modular y seco. Las uniones mecánicas visibles hablan de una lógica de montaje y desmontaje sencillo, de una arquitectura que puede llegar, estar y partir sin dejar rastro.
La luz solar atraviesa las lonas durante el día creando sombras suaves y cambiantes en el interior. El viento encuentra paso entre los paños de tela, que flamean y aportan movimiento y sonido al espacio. Por la noche, iluminado desde adentro, el mangrullo se convierte en una linterna blanda suspendida sobre el paisaje.
El espacio interior es una escalera habitable. Los peldaños y plataformas se transforman en lugares de descanso, juego y observación. La parte superior funciona como un mirador contenido: desde allí, el horizonte se enmarca entre lonas y estructura, ofreciendo una vista panorámica que invita a la contemplación silenciosa.